«Mariam Matrem»

Creímos, al principio, que la locutora de «Radio Clásica» lo había anunciado mal, o que no lo habíamos entendido bien. Pero hemos comprobado que sí, que el concierto navideño que esta misma tarde el Coro Nacional de España va a ofrecer en el Auditorio Nacional de Madrid, todo él de piezas dedicadas a la Virgen María, lleva por título «Mariam Matrem»: ¡en acusativo!

Ignoramos quién será el responsable de tamaño dislate: alguien a quien le habrá sonado más latino tanta eme, cuando lo correcto habría sido poner el título en nominativo («Maria Mater») o, ya con sobresaliente, en dativo («Mariæ Matri»), caso que procedería, al tratarse de un concierto dedicado a la Virgen, función encomendada (no el concierto, sino  el verbo) precisamente a este caso. Todo, menos el acusativo, que carece de sentido y aplicación en este contexto.

Y perdónenos el benévolo lector si, por una vez, no salimos propiamente en defensa del español, aunque, al defender al padre, queremos pensar que algo también defendemos al hijo.

Pablo Herrero Hernández

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2 comentarios

  1. Ciertamente, querido doctor, un aparte en materia de latines y latinajos merecería su página, pues nuestro idioma procede de tan ínclita lengua y no son pocos los que aún se valen de ésta para construir sus ¿lógicos? discursos.
    ¡Qué de sinsabores y sinrazones vivieron los alumnos al estudiar la gramática latina! Sus declinaciones recitadas de memoria, las penosas -y, en ocasiones, dramáticas- traducciones de las galias y sus rubicones. Todo ello con la desvergüenza de la ignorancia o la indiferencia. Pero no quiero alejarme del asunto que me ha traído a su Defensa: todavía he de oír con inusitada frecuencia y harta paciencia (¿es esto un oxímoron?) lo de ‘a grosso modo’, como si la “a” nos introdujera en un universo propio o con rumbo y destino épicos; o ese otro latiguillo del ‘modus vivendis’ que se hace intraducible lo mires por dónde lo mires; el ‘sensu strictus’ o el ‘de motu propio’ cuyas combinaciones en boca de ciertos pedantes -políticos y periodistas, para más señas- se vuelven inagotables. Y eso en cuanto al dime y al direte en latín macarrónico, porque otra cosa es cuando se hace uso de tan magna lengua dándole significados imposibles -porque nunca lo tuvieron- e improbables -porque nunca lo tendrán-, como es el caso de ‘alma mater’ cuando se quiere decir de una persona carismática (apenas se refiere a la Universidad como madre nutricia de nuestras inquietudes y hambres) o de la preposición ‘versus’ con el significado erróneo de “frente a” o “en contra de” (ah, Pérfida Albión!), cuando sólo indica dirección.
    En fin, amigo mío, es lo que tiene el aparentar… El idioma no iba a ser menos, siendo tan poderosa su aura.
    Un saludo

  2. ¡Cuánta razón tiene en todo lo que dice, querido Melmoth! La ignorancia, combinada con la pedantería, da una mezcla explosiva. Y digo eso porque todas esas locuciones tienen siempre un equivalente español, por lo que, si no se está seguro de cómo se escriben o emplean, mejor es abstenerse del latín y emplear el romance. Por cierto, que leyendo el otro día unas sabrosísimas páginas de Unamuno sobre lengua, encontré una que trataba precisamente de lo del punto de vista que suscitó Ud. en un comentario anterior, y en cuanto pueda lo reproduciré aquí por su indudable interés.
    Por el suyo en estas páginas le quedo muy agradecido y le envío el más cordial de los saludos.

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