Ortografías (1)

[…] Había tres libritos de ortografía, cuyos autores seguían rumbos diferentes y aun opuestos, queriendo uno que se escribiese según la etimología o derivación de las voces, otro defendiendo que se había de escribir como se pronunciaba, y otro que se debía seguir la costumbre. Cada uno alegaba por su parte razones, ejemplos, autoridades, citando academias, diccionarios, lexicones ex omni lingua, tribu, populo et natione; y cada cual esforzaba su partido con el mayor empeño, como si de este punto dependiera la conservación o el trastornamiento y ruina universal de todo el orbe literario, conviniendo todos tres en que la ortografía era la verdadera clavis scientiarum, el fundamento de todo el buen saber, la puerta principal del templo de Minerva, y que si alguno entraba en él sin ser buen ortografista, entraba por la puerta falsa, no habiendo en el mundo cosa más lastimosa que el que se llamasen escritores los que no sabían escribir. Sobre este pie metía cada autor una zambra de todos los diantres en defensa de su particular opinión. Al etimologista y derivativo se le partía el corazón de dolor viendo a innumerables españoles indignos que escribían España sin H, en gravísimo deshonor de la gloria de su misma patria, siendo así que se deriva de Hispania […]. ¡Y los que hacen esto se han de llamar españoles! ¡Oh indignidad! ¡Oh indecencia!

[…] No le iba en zaga el otro autor que, despreciando la etimología y la derivación, pretendía que en las lenguas vivas se debía escribir como se hablaba, sin quitar ni añadir letra alguna que no se pronunciase. Era gusto ver cómo se encendía, cómo se irritaba, cómo se enfurecía contra la introducción de tantas hh, nn, ss y otras letras impertinentes que no suenan en nuestra pronunciación. […] Vaya un verbigracia de toda esta ortografía:

«El ombre ke kiera escribir coretamente, uya qanto pudiere de escribir akellas letras ke no se egspresan en la pronunciación; porke es desonra de la pluma, ke debe ser buena ija de la lengua, no aprender lo ke la enseña su madre, etc.» […].

Por el contrario, el ortografista que era de opinión que en esto de escribir se había de seguir la costumbre, no se metía en dibujos; y haciendo gran burla de los que gastaban el calor natural en estas bagatelas, decía que en escribiendo como habían escrito nuestros abuelos, se cumplía bastantemente; y más, cuando en esto de ortografía hasta ahora no se habían establecido principios ciertos y generalmente admitidos, más que unos pocos, y que en lo restante cada uno fingía los que se le antojaba.

José Francisco de Isla
(Fray Gerundio de Campazas, I parte, libro I, cap. V, 2-6).

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2 comentarios

  1. ‘In multiloquio non deerit peccatum’, según la Vulgata, y según el vulgo, y en romance, “palabra y piedra suelta, no tienen vuelta”.
    Un placer volver a leer al Zotes.
    Mil gracias.
    Un saludo

  2. En efecto, y también podríamos añadir, así a vuelapluma, «quien mucho habla mucho yerra», «quien tiene boca se equivoca» y hasta el italiano y poético «Voce dal sen fuggita mai / poi richiamar non vale», de Metastasio.
    Concuerdo en el placer de leer y releer a los clásicos.
    Gracias y un saludo.

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