Cursilerías musicales

La nueva ola de locutores incorporados a Radio Clásica en los últimos años —es decir, los Fernando Palacio’s boys & girls— sigue haciendo de las suyas, por lo menos en lo lingüístico, aun cuando en lo que a la selección musical se refiere, tras la fulminante y feliz destitución de su mentor y con el timón de la emisora en muy mejores manos, parece que poco a poco va recuperándose cierto rigor que nunca debió perderse.

Ya trajimos a estas páginas, junto con algún otro, el despropósito de la hora antes —y no menos— de Canarias; pero la nueva serie de tonterías que suenan, junto con la música, en el dial de Radio Clásica tiene que ver esta vez con la presentación de los conciertos previstos que se hace en el programa de sobremesa titulado «La Redacción».

Cansados los chicos de Palacios de repetir por enésima vez que la tal orquesta interpretará, tocará o ejecutará una determinada pieza, ahora han dado en la flor de recurrir al verbo recrear. Quedan enterados nuestros lectores: de ahora en adelante lo que mola es decir: «¡Esa recreación de Verdi me ha entusiasmado!» (aunque se trate del Réquiem, que por su tema poco puede tener de recreación), o «¡Hay que ver qué bien recrea tu hijo la Marcha turca de Mozart!». Y hasta futuros doblajes de Casablanca —en España siempre serán necesarios doblajes— deberán sustituir la apolillada muletilla: «¡Tócala otra vez, Sam!» por la originalísima y cultísima «¡Recréala otra vez, Sam!».

Pero no para ahí la tontuna. Otras perlas nos aguardan. Ya no está de moda decir, a propósito de un concierto o recital, que «el programa incluye las siguientes obras» o que «están en programa» la tal sinfonía o el tal cuarteto. Ahora queda mucho más fino decir: «En el atril, la Quinta sinfonía de Beethoven…». Ya nos parece oír frases del tipo: «¿Qué había en el atril la otra noche en el Auditorio?». La locución, amén de cursi, también puede resultar inexacta en muchas ocasiones, ofendiendo a tantos solistas que, las más de las veces, tocan sus obras —perdón, las recrean— de memoria, es decir sin nada en el atril (lo mismito que en la cabeza de muchos comunicantes).

Y hablando de solistas, viene al pelo esta no ya perla, sino Koh-i-noor de la cursilería rampante que impera en la actual Radio Clásica, oída hace tan sólo unos días. Extenuada ya de anunciar que el concierto contará con la participación del afamado solista X, el otro día la locutora se arrancó con un: «Se reclamará la presencia del famoso pianista…». Pronto será habitual oír en los locales públicos, en vez de la clásica pregunta de si hay un médico en la sala, si hay un violinista o una pianista… Avisados quedan.

Pablo Herrero Hernández

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