Amigarse

Ayer, documentándonos para un proyecto de traducción sobre un fotógrafo gallego fallecido hace tan sólo unos años, tuvimos ocasión de ver y oír una entrevista suya para Televisión Española. Veía el hombre incierto el panorama de la fotografía tal y como él la había practicado, entre sus vecinos de un pueblo de Pontevedra, dejando constancia con su cámara de bautizos, comuniones, bodas y entierros. Y, con respecto a las bodas, decía que cada vez había menos necesidad del fotógrafo, pues ahora el hombre y la mujer «se amigan» y ahí queda todo.

Nos gustó este uso de tan antiguo verbo, castellanísimo, aun cuando tal vez el gallego natal del artista lo indujera a usarlo. Frente al amancebarse, que suena hoy tan campanudo y con tilde de reprobación moral, o al vulgar arrejuntarse, o al cursi y anodino vivir juntos —impreciso además, pues dos personas pueden vivir juntas sin que medie entre ellas trato amoroso—, bien merecería recuperarse, junto con la costumbre y el fenómeno que define, el castizo amigarse, máxime si se tiene en cuenta que también recientemente se ha recuperado de manera generalizada el adjetivo de la misma procedencia amigable, aplicado, como es sabido, a recursos, sistemas y objetos de utilización fácil e intuitiva.

Pablo Herrero Hernández

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4 comentarios

  1. Recuerdo, querido colega, allá por los años 90, en la Francia de Mitterrand y Chirac, en los últimos años de presidencia del primero, que empezó a ponerse de moda en nuestra casi siempre francófila España (a pesar de los pesares e invasiones ‘fanfarrónicas’ varias -ya le explicaré el significado y origen de este término, si no lo ha comprendido ya-, incluidas, cómo no, las lingüísticas) un término que para los gabachos eran de común uso y natural en la muy parlamentaria vida republicana del pueblo francés. El término en cuestión, aunque nada cuestionado en la prensa española, era “cohabitación”, que viene al hilo de su artículo sobre la “mancebía” y demás vínculos afectivos. En París, imagino, que dos que cohabitan juntos en la política no tienen por qué hacerlo después en la alcoba, pero en nuestro castizo Madrid, por ejemplo, cualquiera que oiga o diga que nuestros líderes cohabitaron durante la legislatura aznarista, no podrá menos que desternillarse al fantasear con ‘el Mostachos’ de la derecha haciendo las delicias turcas al muy nacionalista Ibarretxe en postura incómoda para cualquier mortal, sea político o remendón.
    No me pregunte por los motivos que me han llevado hasta este vocablo de dudosa reputación semántica, y no seré yo quien se despida a la francesa, sino a la muy inglesa, con permiso de usted, pero compruebo que, una vez más, el DRAE ya incorpora, sin resistencia ni dos de mayo que valgan, en su tercera acepción, el significado francés de esta amigable forma de hacer política.
    Suyo de vuecencia (por la excelencia de sus palabras).

  2. En efecto, querido Melmoth, lo incorpora la RAE como tercera acepción cometiendo, a mi juicio, una pifia de esas a las que tan acostumbrados nos tiene, y que, a fuer de académicas, carecen de desperdicio. Dice o escribe la que mi pobre abuelo aún llamaba —aunque creo que no sin cierto jolgorio interior— «la Docta Casa»: ‘Dicho especialmente de partidos políticos, o miembros de ellos: coexistir’. Seguimos la académica remisión y bajo la voz aludida de «coexistir» hallamos una única acepción: ‘1. intr. Dicho de una persona o de una cosa: Existir a la vez que otra’. O sea, juntando ya todos los datos: que «cohabitar» se predica de partidos políticos o de miembros de ellos cuando «existen a la vez» que otros. ¡Y toda Francia y por lo menos Ud. y yo, en estas Batuecas no por metafóricas menos sustanciales y reales, pensando que «cohabitar» en esta famosa 3.ª acepción política significaba algo así como ‘compartir responsabilidades gubernamentales dos o más partidos políticos diferentes o miembros de ellos’! Creo que, si Ud. no me desmiente, la metedura de pata es bastante notable.
    Soy de vuesa merced.

    1. Y ciertamente, no lo hago. La metedura no es sólo (¡vaya por Dios!, se me fue otra vez) de pata, que bien parece de órganos más vitales.
      Un abrazo (y, por cierto, le veo -le leo- muy lanzado con sus entradas (que así, según tengo entendido, se llaman a los artículos -de fe o de coña- internautas).

  3. Su confirmación es para mí muy importante. Ye respecto al «lanzamiento», me dejo llevar por el humor, el tiempo y la ocasión conjugadas, o por la falta de todos ellos, según suceda. Es lo bueno de no estar sometido a una periodicidad tajante. Así que lo mismo podrá ver dos entradas en un día que pasar varios sin ninguna (en mi frente, le aseguro, aún hay pocas: algo bueno debía de heredar uno de parte de la familia, en este caso la materna; de heredar eso de la paterna, no me luciría el pelo, sino la calva).
    Vaya un abrazo a Ud. también.

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