Inclusa de Endecasílabos (1)

Aunque algún lector se pregunte —y con razón— si el tema de este artículo y de los que —si los manes de Cervantes y Nebrija nos amparan— le sigan bajo el mismo título guarda estricta relación con esa defensa del idioma que es la razón de ser de la presente bitácora, en uso de las atribuciones casi dictatoriales que WordPress e Internet nos confieren, venimos en inaugurar la presente Inclusa de Endecasílabos, en cuyo torno podrá cualquiera de nuestros lectores depositar libremente, mediante oportuno correo a la dirección de contacto que figura en la parte superior de la columna derecha, endecasílabos bien sin filiación conocida, hijos de la casualidad más prosástica, o bien que, aún conociéndose aquélla, no han sido reconocidos por sus padres como tales (es decir como tales endecasílabos).

En efecto, y de manera parecida al famoso personaje de Molière que se encontró de la noche a la mañana con que hablaba en prosa, mucho pergeñador de prosa comercial, oficial, burocrática, etc… escribe de vez en cuando, sin saberlo, algún endecasílabo que, si pedestre casi siempre en la materia, formalmente puede a menudo sostener la comparación con los más alados y cincelados de un Boscán o de un Garcilaso.

A buen seguro que a un lector determinado de estas páginas —acaso, en ocasiones, el único—, con quien en otro tiempo nos entretuvimos, entre otros menesteres, en la confección de cadáveres exquisitos en dicho metro, y que hasta nos honró inspirándose en nuestra sacra fames endecasilábica para pintar al protagonista de un su relato, le resultará familiar esta iniciativa.

Iniciativa que inauguramos depositando hoy en el torno de esta flamante institución al primer borde que quedará ya al amparo de la misma; nos referimos al siguiente endecasílabo inclusero, hallado el otro día en una librería de Internet, en la que, en relación con el precio de sus publicaciones, se especifica:

Sujeto a variación sin previo aviso

Se ingresa de inmediato al mencionado endecasílabo en la Sala de Italianos Comunes o Propios, habida cuenta de su acentuación en sexta y décima sílabas. Cabe apuntar, entre los defectos que presenta a un primer examen el flamante inclusero, cierta tendencia a la aliteración de la v, particularmente molesta en sus últimas sílabas («previo aviso»).

Pablo Herrero Hernández

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6 comentarios

  1. Bendito sea usted, mi descarado doctor, por traer a estas páginas (así habrán de llamarse, digo yo, siendo bitácora o cuaderno) tan grato recuerdo y aún mejor vivencia de aquellos años ‘endecasilabadores’ de esquinas torcidas y farolas mosquiteras., sin olvidar las corralas de amores prohibidos e inacabados.
    Tenga usted a bien incluir este tan suyo como de aquel personaje llamado Pablo -haciendo honor y baluarte- que recorrió ‘Los once pasos’ (así se intitulaba la humilde obrilla y que hace referencia a los pasos dados por el pobre diablo hasta su locura entre visionaria y oidora):
    “HACERLO INOLVIDABLE ES COSA SUYA”.
    Luminoso publicitario que en nada ha de envidiar al mejor y enamoradizo Ronsard. ¡Fíjese en las sinalefas!
    Espero poder contribuir (y no como único lector -me honra usted con la exclusividad-) con hallazgos entreverados y algún que otro endecasílabo de cosecha propia.
    Quedo sinceramente agradecido, mi muy estimado amigo.

  2. Estimado amigo: ¡Qué recuerdos, en efecto, los de aquellos años! Cuando hasta volviendo de una noche de farra componía uno un soneto de alejandrinos deseando llegar a casa para anotarlo, pues la memoria —y eran casi veinte abriles menos que los de ahora— nunca había sido nuestro fuerte. No recordaba, a propósito de memoria, el título de «Los once pasos»; sí, y bien, la materia de la misma.
    Queda, naturalmente, acogido el nuevo inclusero, dándose razón de su ingreso en la correspondiente gacetilla.
    Y agradecido yo —con atrevida elisión casi teresiana, que la castellana autora las tiene, como todo lo suyo, sublimes— por el honor y el placer de leerle.

  3. Alberto Pérez Pérez |Responder

    En uno de los documentos más importantes de la historia de mi país (las Instrucciones del Año XIII dadas a los diputados de la Provincia Oriental por inspiración de José Artigas) figura la memorable cláusula tercera, cuyo texto es el siguiente:
    “Promoverá la libertad civil y religiosa
    en toda su extensión imaginable.”
    Espero que estas últimas cinco palabras sean admitidas en el torno de la inclusa de los endecasílabos.
    Alberto Pérez Pérez
    República Oriental del Uruguay

  4. En efecto, don Alberto, se trata de un endecasílabo italiano perfecto. Causan especial regocijo, por lo menos al firmante, los que se encuentran deslizados en textos como el citado, alejadísimos en principio de inquietudes poéticas.
    Muchas gracias por darlo a conocer, y desde luego ingresará en la Inclusa con todos los honores.

    Pablo Herrero Hernández
    España

  5. Alberto Pérez Pérez |Responder

    También en el discurso inaugural de Artigas en el Congreso de Abril de 1813 hay este otro ejemplo:

    “Mi autoridad emana de vosotros
    y ella cesa ante vuestra presencia soberana”

  6. Muchas gracias, don Alberto, por traer este nuevo ejemplo —aunque, en este caso, nada inclusero por tener autor, y autor ilustre— en una prosa en principio tan alejada de inquietudes poéticas. Aunque ya se sabe que la oratoria del siglo XIX —véase nuestro Castelar— no desdeñaba imágenes, ritmos y cláusulas poéticas. ¡Qué alejada de ella la de los actuales políticos, por lo menos los españoles! Bueno: en realidad ya no existe oratoria, ni civil ni sagrada…
    Gracias por su intervención y un saludo muy cordial.

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