Jurados iletrados

Es noticia de ayer, en España, una sentencia judicial en cuya materia no entraremos, porque huelga en esta bitácora, pero sobre cuya forma, concretada en el acta del jurado que ha trascendido a la prensa, sí nos sentimos autorizados a opinar desde estas páginas.

«El jurado, a deliberado…»: así se inicia el glorioso documento manuscrito, que contiene luego un sinfín de otras faltas (faborable, debolvió, atribullen…), algunas de las cuales algún jurado menos inculto corrigió, justamente avergonzado, en el último momento, antes de entregar el acta al juez.

No faltará quien objete que, en época en que tampoco la magistratura brilla por su propiedad a la hora de redactar sentencias, algo así resulta excusable en ciudadanos de a pie como los llamados a formar parte de un jurado. Séanos permitido discrepar rotundamente al respecto. Pasó ya el tiempo —si es que alguna vez lo hubo en realidad, fuera de en las excelsas obras teatrales de nuestro Siglo de Oro— en que un rústico labrador, naturalmente analfabeto, le cantaba cuatro verdades a un rey o a un corregidor en perfecto castellano…

Hoy en día, tras decenios de enseñanza obligatoria, constituye un escándalo que ciudadanos llamados a formar un jurado y a tomar, por lo tanto, decisiones que han de afectar de lleno a la vida de una persona no sepan escribir, y menos aún redactar. Y no por otra cosa sino porque quien mal escribe y mal redacta, forzosamente ha de razonar mal.

Volviendo al documento de autos —para seguir en ambiente judicial—, véase, si no, esa inquietante coma puesta, incomprensiblemente, entre el sujeto «el jurado» y el verbo «a deliberado». ¿Qué significa esa coma? El anónimo redactor del brillante documento, de escritura no infantil, sino infantiloide —y no entramos en más consideraciones grafológicas sobre su letra que, por lo poco que sabemos de tan interesante ciencia, acaso nos llevarían muy lejos—, debió de pensar que esa coma era una forma de subrayar la importancia del jurado por él dignamente representado; algo así como si la pausa que siempre implica este signo de puntuación otorgara importancia y hasta majestad a esa corporación temporal. Casi se lo imagina uno repitiendo para sus adentros: «El jurado, coma…». Sabido es que, en este mundo, todo lo que implique pompa y circunstancia —desde un funeral de primera hasta una coronación— ha de ser pausado… Seguro que al escribir la coma, se veía por un momento con toga y peluca como el juez de Testigo de cargo

Semejante incomprensión del papel de un signo de puntuación nos recuerda el caso de bastantes tenderos igualmente iletrados, a los que vemos pregonar en sus anuncios y carteles las supuestas virtudes de su género entrecomillándolas —Garbanzos «muy tiernos», Salchichón «ibérico», Melones «dulcísimos»—, ignorando al parecer que, por lo menos para parte de sus potenciales clientes, esas comillas evocan precisamente lo contrario de lo que pretenden asegurar y arrojan serias dudas sobre la calidad de su mercancía. Dudas muy parecidas a las que albergamos sobre la calidad de muchas sentencias como la que nos ocupa… y preocupa.

Pablo Herrero Hernández

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8 comentarios

  1. No estoy de acuerdo en que quien tenga faltas de ortografía siempre razone mal, puede haber casos en que no sea así, pero desde luego preocupa mucho que gente con tal nivel pueda formar parte de un jurado, sí. Y lo de las comillas en las tiendas también estoy harta de verlo (y cosas mucho peores, podrán imaginarse), que dan hasta ganas de aleccionar al tendero en cuestión…

  2. Habremos de precisar nuestra afirmación: decíamos que quien «mal escribe y mal redacta» forzosamente ha de razonar mal. Evidentemente, las faltas ortográficas no empañan necesariamente el razonamiento; las sintácticas, a nuestro juicio, sí acusan un razonamiento defectuoso, dado que la sintaxis es, como si dijéramos, el razonamiento de la lengua, que no es sino la traducción material —escrita o hablada— del razonamiento intelectual. Una sintaxis retorcida, por ejemplo, sólo puede ser hija de un razonamiento que adolece de las mismas características. En cierta medida, la sintaxis es el espejo del entendimiento del hablante y, sobre todo, del escribiente.
    En cuanto a los dislates lingüísticos en todo tipo de establecimientos, no podemos estar más de acuerdo con usted. Los sufrimos a diario.
    Muchas gracias por su comentario.

  3. La coma de marras bien puede ser lo que un colega llamaba la “coma asmática”, que coincide con la inhalación.

  4. Y ello aunque la coma es o debería ser un elemento sintáctico relativamente independiente de la respiración (sí se puede poner, como es sabido, incluso entre sujeto y verbo cuando entre ambos media gran cantidad de palabras: ésa sería precisamente la «asmática»). A no ser de que estemos hablando de inhalación de algún tipo de sustancia… En ese caso, el jurado en cuestión estaría bien acompañado, pues se han dictado en España sentencias judiciales que parecen redactadas tras inhalaciones o ingestas de sustancias alucinógenas. Para muestra, una famosa, de no hace mucho tiempo, en la que se establecía que no había habido ensañamiento del asesino con su víctima (y eso tras recibir ésta, si no recuerdo mal, más de treinta puñaladas). Se las daría con cariño, o por lo menos para «matar el tiempo» mientras llegaba la Policía. ¡Cosas veredes!
    Gracias por tu comentario, Julio.

  5. En mi opinión quien mal redacta y mal escribe muestra una incultura poco compatible con la capacidad para razonar sobre términos que emplea el legislador y para analizar pruebas judiciales no siempre fáciles de interpretación. Coincido contigo que jurados iletrados no son lo mas conveniente para este tipo de procesos que no son, precisamente, de tipo emocional.

  6. Completamente de acuerdo con tu pensamiento. Da pánico ver a personas iletradas tomando decisiones así de capitales (lo que no quita que a veces haya magistrados —a los que se les supone letrados y que a lo mejor no lo son tanto— que parecen razonar en parecidos términos). Muchas gracias por tu comentario.

  7. Lo que sí indican los errores ortográficos es la falta de lectura o de atención al leer. Ambas cosas me preocupan en cualquier persona que, por edad, podemos suponer que ha cursado estudios primarios. Si además es miembro de un jurado “popular”…
    Las comillas pretenden ser un chiste. Perdón si no les hace gracia.
    Un saludo

  8. Precisamente a ese tipo de personas me refería, toda vez que imagino que, al seleccionar un jurado, la Administración de Justicia descartará, de entrada, a personas que, por su edad avanzada o por determinadas circunstancias biográficas, carezcan de las condiciones mentales o culturales mínimas para poder ejercer tan gran responsabilidad. Lo malo es eso: que el nivel mínimo parece estar por los suelos.
    Un saludo.

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