Altercar-disputar-porfiar y vuelta a empezar

No deben de ser las periódicas sesiones «de trabajo» de la Docta Casa, como muchos espíritus maliciosos seguramente piensan, combate de jauría de lobos dispuestos a destrozarse mutuamente por un quítame ahí ese anglicismo o por una tilde de más o de menos; a buen seguro que, en tales ocasiones, reinan en el académico recinto la más eterna de las paces y la más sepulcral de las calmas.

¿Que lo decimos a humo de pajas y sin saber de la misa la media? Bien al contrario, nos refrendamos en nuestra opinión y aportamos, al efecto, la más contundente de las pruebas de que nuestros ilustres fijadores, limpiadores y esplendadores del idioma, de tan pacíficos que son, no saben ni lo que es un altercado.

Vengan, pues, con nosotros y acompáñennos en un viaje por el DRAE que les resultará, contra toda expectativa, sumamente atractivo y extraordinariamente instructivo.

Pongamos que somos unos estudiantes extranjeros que están iniciando su conocimiento del español. Pongamos que leemos en los diarios, con referencia a los recientes enfrentamientos entre estudiantes y policías en Valencia, el término altercado. Nos preguntamos qué quiere decir, y nos dirigimos, por lo tanto, «a la fonte que —se supone— mana y corre», por decirlo con el clásico (y aunque sea hoy aún más de noche que cuando lo escribió).

Primera sorpresa para el Erasmus —dicho sea con la venia del director de la RAE, autoproclamado, como bien saben nuestros tan escasos como inteligentes lectores, Erasmista Mayor del ¡todavía! Reino—: al buscar en el DRAE el término altercado, encuentra tan sólo una remisión:

1. m. altercación.

¡Gran acierto académico, el de explicar el término más utilizado remitiendo al menos usual! Todo un ejemplo de cómo no hay que hacer las cosas. Pincha nuestro estudiante el hipertexto, seguro de encontrar ya el significado del término, y encuentra, para su pasmo:

1. f. Acción de altercar.

¡Que no cunda el pánico! Aunque aquí ya no hay hipertexto, nuestro sufrido aprendiz de español accede rápidamente a la página correspondiente a altercar, que le informa tan sucinta como herméticamente:

1. intr. Disputar, porfiar.

Aquí ya el chiquillo empieza a sudar. Resulta que quería averiguar el significado de altercar, para así enterarse de lo que es un altercado, y tras todas estas idas y venidas de un lado a otro del diccionario, en vez de resolverle la duda, se la desdoblan remitiéndolo a dos verbos, igualmente desconocidos para él.

Con paciencia digna de Job y perseverancia digna de Gallardón y su dichoso Madrid olímpico, nuestro estudiante decide por fin, en buena lógica, consultar el primero de los verbos, o sea disputar. Teclea el infinitivo en la ventana de búsqueda y, con un suspiro de alivio, cree encontrarse ya a punto de alcanzar la deseada meta:

1. tr. debatir.

2. tr. Porfiar y altercar con calor y vehemencia. U. t. c. intr. Disputar de, sobre, acerca de una cuestión.

3. tr. Dicho de un estudiante: Ejercitarse discutiendo. U. m. c. intr.

4. tr. Contender, competir, rivalizar. U. t. c. prnl.

Ante esta imprevista riqueza de significados, está a punto de pinchar en el primero, que lo remitiría a debatir, cuando descubre, para su confusión, la segunda acepción, donde se repiten dos verbos cuyo infinitivo le resulta ya más que familiar, aunque sigue sin saber su significado:

2. tr. Porfiar y altercar con calor y vehemencia. U. t. c. intr. Disputar de, sobre, acerca de una cuestión.

¡Vamos a ver! —exclama para sus adentros, no ya al borde sino en la sima de un ataque de nervios—. Buscaba altercar; me mandan a disputar y, en disputar me dicen que este último verbo equivale, en efecto, a porfiar y a altercar, pero «con calor y vehemencia». Muy bien: «con calor y vehemencia», ¿pero qué?

Pasado este momento de súbito desconsuelo, se acuerda con ilusión de que ha dejado atrás, en la encrucijada de altercar, el otro verbo, porfiar, y a buen seguro —se promete— habrá de ser éste el que le brinde el anhelado acceso al Santo Grial del altercado.

Vuelve, pues, sobre sus pasos y, lleno de expectación gozosa (o de gozo expectante, a gusto del lector), busca porfiar, pero sólo ya al leer la primera acepción, se da cuenta, con un escalofrío de terror, de que jamás encontrará ya —en lo que del DRAE depende— lo que ansía, un poco como Manolo Escobar con su carro o algunos suegros zarzueleros con sus yernos… En efecto, bajo la voz porfiar lee, ya más que atónito, desencajado:

1. intr. Disputar y altercar obstinadamente y con tenacidad.

¡Otra vez los dos verbos de marras, disputar y altercar, y en esta ocasión, aunque sigamos sin saber qué quieren decir, con otra generosa locución adverbial, como queriendo suplir con ella a la falta de explicación de lo principal!

En resumidas cuentas, según el sacro texto del sanedrín de la maltrecha lengua española:

Si

1) Disputar = porfiar/altercar con calor y vehemencia

y

2) Porfiar = disputar/altercar obstinadamente y con tenacidad

ergo

3) Altercar = Disputar sin calor y sin vehemencia (vamos, para pasar el rato)

pero también

4) Altercar = Porfiar sin obstinación y sin tenacidad (vamos, como con desgana).

Llegado hasta aquí, si aún no se le han fundido las neuronas como a nosotros al meterse en este académico «jardín» sin salida, el pobre estudiante extranjero habrá indudablemente apreciado los sutiles matices modales de calor, vehemencia, obstinación y tenacidad que —supuestamente— diferencian entre sí a los verbos altercar, disputar o porfiar, pero seguirá sin saber ni un ápice de lo que significan.

Lo dicho: el caserón con pretensiones de templo del saber de la calle Felipe IV tiene tan pacíficos moradores, que ni siquiera saben qué es altercar, porfiar ni disputar. O, si lo saben, no juzgan conveniente que los míseros hablantes y escribientes lo sepamos. Con el DRAE en la mano o en la pantalla, desde luego, bien pueden dormir tranquilos: nadie lo conseguirá.

Pablo Herrero Hernández

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4 comentarios

  1. ¡¡ Dios mio !!. Realmente no me habia dado cuenta de ese jardín laberíntico.
    Cuanta razón tienes, he intentado comprobarlo y me he encontrado con el mismo follón.

  2. En efecto, José Luis. Y no es precisamente un jardín «sonriente» como el de la famosa poesía de los Quintero. Ni creo que sea, ni por asomo, el único que contiene el DRAE. La Docta Casa, al definir la expresión «meterse en un jardín», dice: ‘Enredarse innecesariamente en un discurso o parlamento teatral o en una situación complicada’. Deberían añadir, entre el discurso y el parlamento «en la redacción de un diccionario».
    Muchas gracias por tu comentario.

  3. Que me desternillo, me ha encantado tu artículo… pero eso mismo, o similar, sucede con numerosos vocablos del diccionario de la RAL. Lo malo es que estoy como el erasmus que citas, confusa, pues no sé si es para troncharse o para echarse a llorar.

  4. A partes iguales, supongo, según el propio estado de ánimo.

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