Uso y desuso de las formas verbales

Los idiomas latinos poseen gran riqueza de formas verbales; y cada una de éstas obedece a una necesidad de expresión, a una exigencia de propiedad, de exactitud. Cada tiempo, responde a una realidad concreta y taxativa; no son formas arbitrarias y caprichosas, que puedan emplearse ad líbitum, sin perjuicio de la idea que desea expresarse.

La traslación es una figura que sirve para dar más vigor a un relato: «Llega Julio César a las Galias y su genio militar se impone», en lugar de «llegó» y «se impuso». «Por excitación de Eva, Adán come la fruta prohibida», en vez de «comió».

Pero el abuso de la traslación acarrea el empleo inadecuado de los tiempos y aun la mezcla de formas verbales incompatibles. En un libro editado en Buenos Aires hemos leído: «Ignoraba que usted sabe eso»; «Si hubiera creído que viene V. con nosotros…»; «Andaba como si querría adelantar a los otros»; «Apenas llegué notaba que la situación es grave».

Los críticos literarios franceses se lamentan de que los escritores galos prefieran las formas compuestas y abandonen las simples, con lo que, a más de perder exactitud y precisión las expresiones, el lenguaje se empobrece y se hace monótono, por la repetición de los verbos auxiliares y de los participios.

He aquí, por ejemplo, la traducción literal de un párrafo, perteneciente a cierta novela, de autor muy conocido:

«El señor Masson ha llegado esta mañana; ha visitado las granjas; ha recorrido los establos y se ha mostrado satisfecho en todos estos sitios. Ha comido a las cuatro, ha reposado un poco, ha leído la correspondencia y ha salido otra vez».

¡Ocho veces la forma del verbo auxiliar «ha» y ocho participios de pasado, correspondientes a nuestro pretérito perfecto! ¿No resultaría menos monótono ese párrafo redactado en otra forma?

«El señor Masson llegó esta mañana; visitó las granjas y recorrió los establos, mostrándose (aquí está en su lugar el gerundio) satisfecho en todos estos sitios. Comió a las cuatro; y, después de reposar un poco y leer la correspondencia, salió otra vez».

Lo cierto es que los literatos franceses abandonan las formas simples, hasta el punto de que hay páginas enteras en las que solo se encuentran formas verbales compuestas, con reiteración que llega a hacerse insoportable.

Este vicio, al través de las traducciones serviles y pedestres, comienza a invadir nuestra literatura, y los efectos son aún peores en castellano que en francés, ya que en este último idioma se emplean los dos verbos auxiliares être (ser y estar) y avoir (haber y tener) casi con igual frecuencia uno que otro, mientras que en español apenas se usa con tal carácter el verbo ser, fuera de la voz pasiva.

No se trata, naturalmente, de condenar el empleo de las formas compuestas, que son necesarias, sino de que se usen, en cada caso, las que la exactitud y la propiedad de la expresión requieran.

Es impropio decir: «Fulano se ha establecido en Madrid hace veinte años»; y también lo es: «Vine ahora mismo». Más propio y correcto resultará «se estableció» y «he venido».

La falta de correspondencia en los tiempos da lugar a frases inadmisibles: «Cuando llegué, me he encontrado a Juan»; «Luis me dijo que si no viene es porque tenía que hacer» etc.

Error frecuentísimo es el de emplear el modo potencial, en su forma simple, como equivalente al pretérito imperfecto de subjuntivo: «Si yo tendría dinero, compraría la casa», en lugar de «si yo tuviera o tuviese»; «Si yo querría, podría perjudicarle mucho».

La propia Academia Española (y con ella no pocos gramáticos) aceptó esa equivalencia durante muchos años, considerando esa forma como segunda de las tres que entonces se atribuían al pretérito imperfecto de subjuntivo: «amara, amaría o amase»; «temiera, temería o temiese»; «partiera, partiría o partiese».

Por fortuna, se rectificó el error y se introdujo el modo potencial, denominación que nos parece muy acertada y más lógica y exacta que la de «condicional», empleada en Francia, ya que el modo subjuntivo implica siempre también, en cierta forma, la existencia de una condición.

Puesto que la conjugación española es rica en matices, conviene usar adecuadamente sus formas, con lo cual se logra expresar con precisión las circunstancias de la acción del verbo, evitando, a la vez, la monotonía y el empobrecimiento del lenguaje.

Suele ocurrir, en la enseñanza de las conjugaciones, que los alumnos aprendan de memoria las formas verbales, por el mismo orden en que aparecen expuestas en los textos y como si se tratara de un «catálogo» y no de palabras corrientes en la conversación. Muchas veces hemos comprobado este fenómeno: los niños, al enumerar los modos y los tiempos, lo hacen mecánicamente, sin comprender la aplicación de cada uno de ellos… aunque, cuando hablen, los empleen adecuadamente.

Es un error craso pensar que se conoce la conjugación con solo saber repetir de memoria y correlativamente las formas verbales. Éstas, como es lógico, han de agruparse en un orden; y nos parece muy bien el adoptado por la Academia Española en su Gramática. Pero importa mucho hacer que los alumnos comprendan que no se trata de una tabla de elementos (como las de los metales y metaloides en Química, por ejemplo) sino de la ordenación de las formas verbales que ellos mismos usan —y usan bien, por lo común— en el lenguaje ordinario.

Aun cuando no pretendemos escribir una lección de Gramática, estimamos que no será superfluo hacer aquí un resumen de lo que significan los modos y los tiempos verbales y cuál es su empleo:

Indicativo: Sirve para expresar un hecho real.

Presente: Se usa cuando la acción se realiza en el momento en que se habla: «Juan estudia».

Pretérito imperfecto: Cuando la acción se realizaba aún en el tiempo pasado a que nos referimos: «Entonces yo estudiaba mucho».

Pretérito indefinido: Cuando se habla de una acción pasada, sin determinar si había concluido o no en el momento a que nos referimos: «Napoleón sojuzgó a media Europa».

Préterito perfecto: Cuando el hecho que expresamos acaba de ocurrir en el momento de hablar: «Francia ha pasado por un período de disturbios».

Pretérito pluscuamperfecto: Cuando el hecho se había realizado ya al ocurrir otro, también pasado: «Yo había comido cuando tú llegaste».

Pretérito anterior: Cuando el hecho ocurrió inmediatamente antes de otro también pasado: «Apenas hubo llegado, vinieron a prenderle».

Futuro imperfecto: Cuando queremos significar que ocurrirá algo, después del momento en que se habla, pero sin supeditar la acción a ninguna otra, es decir, en absoluto: «Volveré a visitarle».

Futuro perfecto: Cuando nos referimos a un hecho que tiene que realizarse después de otro todavía no ocurrido cuando se habla: «Tu padre habrá regresado cuando tú te cases».

Potencial: Sirve para expresar la posibilidad de la acción.

Imperfecto: Se usa para indicar esa posibilidad, simplemente, sin determinar tiempo: «Saldría de viaje».

Perfecto: Cuando nos referimos a la posibilidad de la acción, realizada ya al ocurrir otra futura: «Habría salido cuando él llegase».

Subjuntivo: Sirve para expresar la acción como un deseo o como supeditada a otra acción.

Presente: Cuando se quiere expresar que la acción ocurrirá en lo venidero, subordinada a otra: «Cuando llegue, será tarde». Con admiraciones, equivale a expresar un deseo: «¡Que llueva pronto!».

Pretérito imperfecto: Cuando la acción es posible o necesaria para que se realice otra: «Si viniera Juan, se iría Pedro». Con admiraciones y precedido de la partícula si, expresa deseo de que suceda la acción: «¡Si lloviese un poco más!».

Pretérito perfecto: Cuando la acción constituye condición terminante para que se realice otra en lo porvenir: «Cuando hayas dormido, saldrás de paseo».

Pretérito pluscuamperfecto: Cuando la acción constituía, en el pasado, condición absoluta para la realización de otra: «Si hubieras estudiado, tendrías mejores notas». Es un tiempo que podría denominarse «hipotético», ya que expresa hipótesis o suposición.

Futuro imperfecto: Cuando queremos expresar una acción no concluida, dudando de que se realice en lo porvenir: «Si alguien mintiere, sea castigado».

Futuro perfecto: Cuando queremos expresar, dudando de que se haya realizado, una acción concluida: «Si hubieres pecado, debes arrepentirte».

Imperativo: Sirve para mandar, rogar o aconsejar que se realice la acción; y así tiene cierto carácter de futuro: «Corred a salvarle»; «haced lo que os digo»; «sal inmediatamente». Puede denominársele también exhortativo o suplicativo; será imperativo, cuando se dirige a quien tiene obligación de obedecer; suplicativo, si es a persona de igual o superior categoría; y exhortativo, si se expresa la acción como consejo. La misma palabra puede significar orden, ruego o consejo, según el tono en que se pronuncie: «¡Callad!», por ejemplo.

Infinitivo: Sirve, en todas sus formas (cada cual de aplicación distinta) para expresar la idea de la acción, en abstracto, sin precisar persona: «Amar», «amando», «amado».

El Participio pasado, salvo cuando constituye parte de los tiempos compuestos, es, en realidad, un adjetivo.

Respecto al Gerundio, dedicamos párrafo aparte a su empleo.

Luis Hernández Alfonso, Defensa del Idioma (1948-1952)

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2 comentarios

  1. Enhorabuena una vez más, me encanta el artículo, pero… hay algo que no sé si entiendo bien. Esto, ¿lo escribió tu abuelo entre esas fechas? Y otros artículos, ¿son tuyos, o son todos de tu abuelo? Gracias, abrazo virtual grandote.

  2. Estimada Leonor: Tienes razón en que puede darse cierta ambigüedad. El artículo al que te refieres es de mi abuelo, y forma parte de su obra inédita «Defensa del Idioma», que voy publicando por partes en «Los Hernández». Como he titulado mi bitácora de temas lingüísticos igual que el libro de mi abuelo, de ahí la confusión. Confusión que intento desvanecer poniendo al final de la entrada el nombre del autor: así publico en efecto todos los artículos en «Defensa del Idioma».
    ¡Espero que ahora resulte más claro, y que se dé al César lo que es del César!
    Gracias una vez más por el aprecio, por tu lectura y por tu pregunta.
    Un fuerte abrazo.

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