Algo sobre esdrújulos

La Real Academia Española, en su Diccionario Manual, estampa estas líneas: «Telégrama.— Es barbarismo hacer esdrújula esta voz».

Nada tendríamos que objetar a esa afirmación si no se diera la anomalía de que en el mismo Diccionario figuren, como vocablos correctos, los esdrújulos telégrafo, teléfono, gramófono, fonógrafo, sismógrafo, termómetro, barómetro, cronómetro, tipómetro, taxímetro, tipógrafo, topógrafo, cinematógrafo, cronógrafo, cronólogo, arqueólogo, entomólogo… y otros muchos de análoga morfología, formados, como telegrama, de dos voces griegas. ¿Por qué ha de decirse telégrafo y es barbarismo telégrama? La falta de consecuencia resulta evidente.

A mayor abundamiento, la docta corporación incluye en el léxico oficial las palabras kilogramo y kilolitro, llanas, junto a kilómetro, esdrújula. ¿A qué obedece esa diferencia? ¿Acaso el prefijo kilo varía de acento porque preceda a metro o a litro? Otro tanto sucede con hectómetro, hectolitro, hectogramo, hectárea, hectógrafo etc., unos llanos y otros esdrújulos, sin motivo alguno que justifique la disparidad.

Más ejemplos de tal anomalía: aeródromo, aeróstato, aeróscopo, aerolito, aerograma, aerófobo, decalitro, decámetro, decálogo, catálogo, decilitro, decagramo, decímetro, mililitro, miligramo, milímetro… La lista de palabras que se hallan incluidas, arbitrariamente, entre las llanas o entre las esdrújulas, sería demasiado extensa; y creemos que las indicadas bastan para demostrar la falta de unidad de criterio a que nos referimos.

Luis Hernández Alfonso, Defensa del Idioma (1948-1952)

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2 comentarios

  1. Estimado Pablo:

    Son geniales y demoledores todos los trabajos, críticas y observaciones de Luis sobre los vicios y errores contumaces que pululan por nuestro lenguaje –tanto coloquial como culto o seudoculto- ante el dontancredismo de nuestros académicos de todas las épocas. Tu abuelo sí que merecía un sillón, con cualquier letra, en dicha institución y no alguno de los que estuvieron o están. Otro gallo nos cantara –y le cantara al lenguaje- si allí se sentaran unos cuantos Luises. También sigo tus propios comentarios y observaciones sobre estos temas y no tengo por menos que felicitarte. Has cogido el testigo de tu abuelo y no solo reivindicas con orgullo la defensa del idioma que él hacía, sino que, además, la complementas con tus aportaciones personales. Se nota que es un tema que dominas y en el que te sientes muy a gusto. Aquí cuadra perfectamente aquel dicho: “De casta le viene al galgo”. La obra de Luis no solo debe sacarse a la luz y darse a conocer –cosa que estás haciendo de forma admirable- sino que debe continuarse y, sin duda alguna, tu eres la persona más idónea y legitimada para hacerlo. Así que ¡adelante Pablo! y sigue en esa línea.

    Un abrazo.

    Juan

  2. Estimado Juan:

    No sabes cuánto agradezco, en nombre de mi abuelo, tu aprecio por la abnegada labor que llevó a cabo, no sólo en su amplia y variada obra escrita que tan bien conoces, sino en su menos conocida y no menos valiosa labor lingüística que ahora, poco a poco, intento ir sacando a la luz pública a través de «Los Hernández» y también, en parte, en esta bitácora que lleva por título el de su gran obra lingüística inédita.
    Coincido contigo en que personas con la cultura lingüística y el conocimiento del idioma como Hernández Alfonso y muchos otros podrían haber sustituido a tantos y tantos académicos de entonces y de ahora con bastante más beneficio para la RAE y su labor. Mi abuelo tuvo por lo menos la suerte de contar con una estrecha relación con algunos académicos de entonces, lo que permitió que sus papeletas llegaran a conocimiento de la RAE y que en la inmensa mayoría de los casos se aceptara su contenido. De alguna manera, ejerció de académico «de detrás de las bambalinas», poniendo a disposición del español y de su defensa y mejora el amplio caudal de su amplísima cultura y su larga carrera de escritor en los más variados géneros y facetas.
    Agradezco mucho que asimiles mi modestísima labor a la suya: y, aun siendo perfectamente consciente de la gran diferencia y distancia que media entre sus conocimientos y los míos, no dejo de mirar a su obra como a una meta hacia la que tender, y a su ejemplo como una pauta que seguir. Y, en esta labor, el aliento que recibo de amigos como tú constituye un poderosísimo acicate para proseguir lo emprendido y llevarlo a cabo lo mejor que sé y puedo.
    Gracias, pues, y recibe un abrazo muy fuerte.

    Pablo

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