Clima femenino

Hubo un tiempo en que clima, al igual que otros sustantivos terminados en «a», como fantasma, era femenino. Así lo encontramos, por ejemplo, en uno de los bellísimos romances que canta Preciosa, la gitanilla cuya condición da nombre a la famosa novela ejemplar cervantina. Se trata del que empieza con los versos Salió a misa de parida / la mayor reina de Europa. Hacia el final del romance, la reina Margarita encomienda al padre de su hijo, el rey Felipe III, a la protección de la Virgen: «A su padre te encomiendo, / que, humano Atlante, se encorva / al peso de tantos reinos / y de climas tan remotas» (Miguel de Cervantes Saavedra, La gitanilla, en Íd., Obras Completas, Aguilar, Madrid 1956, p. 777).

Pablo Herrero Hernández

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