Belleza de la elipsis clásica (1)

Uno de los factores que contribuyen a la belleza del español clásico es, sin duda, el recurso a la elipsis. En La gitanilla, la vieja gitana y supuesta abuela de Preciosa traza un certero cuadro de la venalidad de la justicia al decir: «Por un doblón de dos caras se nos muestra alegre la triste del procurador». Otro ejemplo, tomado de la misma obra cervantina: «Somos astrólogos rústicos, porque como casi siempre dormimos al cielo descubierto, a todas horas sabemos las que son del día y las que son de la noche».

Y tan encantadoras como espontáneas y abundantes salen de la pluma galana de Teresa de Jesús.

Pero no se ciñe la elipsis, en el uso clásico, a lo literario, sino que también se complace en sentar sus reales en otro campo en que suelen estar presentes más bien la reiteración y la redundancia, sus rivales: nos referimos al lenguaje burocrático. Tenemos a la vista un curioso documento impreso de la Real Chancillería de Granada, fechado en 1814. Y empieza con las palabras: «Al Excmo. Sr. Presidente de esta Chancillería se ha comunicado de orden del Consejo la que dice así».

Pablo Herrero Hernández

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