La hache no importa

Hace unos diez días tuvimos que darnos cita con un técnico de Telefónica —o, mejor dicho, de una empresa subcontratada por esta entidad— para devolverle, ante nuestra inminente mudanza, el equipo de fibra óptica que teníamos instalado en nuestro antiguo domicilio.

Al tomar nota el jovenzuelo de nuestros apellidos para extender el debido justificante, notamos con gran desconcierto que escribía «Errero Ernández»; educadamente, le advertimos de que ambos apellidos debían escribirse con hache inicial, a lo que el mozo nos contestó que no importaba en absoluto dicha falta.

Gente que tal vez ya sólo escribe sms que, brevitatis causa, se comen todo signo juzgado inútil o sobrante, deben ya de escribir así las pocas veces que se ven obligados a empuñar no ya una estilográfica —que ni siquiera deben saber qué es—, sino el más prosaico de los bolígrafos.

Y aunque no rebatimos nada —no fuera a ser que nos cobraran por malas pulgas un servicio que en sí era gratuito—, no pudimos dejar de pensar que, si una vez llegado ese documento a su destino lo procesara otro individuo igualmente iletrado, insertando en la base de datos nuestros apellidos por la e y no por la hache, el detalle sin importancia podría entrañar también implicaciones prácticas importantes.

Pero a la vista está que la hache, como el punto y coma y ya casi la coma, las tildes y los interrogativos y exclamativos iniciales, sobran en la nueva ortografía imperante.

Pablo Herrero Hernández

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4 comentarios

  1. Me encanta el artículo. Y me ha recordado que, en efecto, puede dar lugar errores en la práctica. Yo me apeliido Zozaya y tengo muchas anécdotas sobre las variantes que la gente ha inventado al transcribirlo. Una de las más sorprendentes, que además afecta a la inicial , fue cuando me tenían en el registro por “Cocalla”. Para no salir del asombro.

  2. Causa asombro, en efecto, máxime cuando en español no hay más forma de escribir las dos primeras sílabas de «Zozaya» que con zeta. Las dudas en Giménez/Jiménez —me consta directamente que muchos de los primeros, como el gran autor de «La Tempranica» y del díptico de Luis Alonso, que además se escribía Gerónimo, también con ge, llevan muy mal que se les ponga el apellido con jota, y hay Ybarras (que no es más, como es sabido, que la i latina inicial, como vemos escrito en documentos y monumentos «Ysabel II») que matarían si no se les conserva la i griega apócrifa— son, desde luego, mucho más comprensibles.

  3. No te preocupes que dentro de nada la RAE tomará nota y las eliminará del todo (como la tilde diacrítica, por ejemplo)

  4. No te falta razón, Miguel. La tendencia es ésa: parece que la RAE sólo existe ya para dar por bueno cualquier dislate cuando es suficientemente crecido el número de hablantes o escribientes que lo cometen (a veces no esperan ni siquiera a eso y hasta lo previenen).
    Muchas gracias por tu comentario.

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