Un imperativo que ya no impera

Una compañera de lides traductoriles —y sin embargo amiga— nos pide que digamos algo sobre «la cuestión de los imperativos». Y prosigue: «Hace años ya que me pregunto dónde han ido a parar. Apenas los oigo. Esa espeluznante costumbre bien arraigada de convertirlos en infinitivos (¡beber el vaso de leche! ¡callarse todos! y demás perlas) los ha borrado del universo del discurso». Coincidimos completamente con su diagnóstico de la situación casi comatosa en la que vive el imperativo plural de segunda persona del plural en oraciones afirmativas como las que aporta nuestra correspondiente. Lejos quedan ya los tiempos en que leíamos, por ejemplo, en puertas de todo tipo de establecimientos, rótulos que indicaban correctamente: «Empujad» o «Tirad» (recordamos, sin ir más lejos, las numerosas puertas de cristal que daban acceso a la Torre de Madrid en la madrileña plaza de España, desaparecidas, junto con sus correspondientes rótulos de color rojo, en la última reforma del edificio).

En este como en otros casos, la ignorancia de gran parte de los hablantes y escribientes  —que posiblemente olvidan o desconocen en su gran mayoría la propia existencia de la forma plural del  imperativo—, conjugada con la perniciosa influencia del infinitivo inglés en su empleo con valor imperativo en todo tipo de textos y soportes, debe de haber determinado la actual situación.

Una situación, ésta, que la propia RAE —que ya ni fija, ni limpia, ni mucho menos da esplendor— contribuye, una vez más, a embrollar y a empeorar, ante todo cuando nos informa de la existencia de un «habla esmerada» en la que «no se considera correcto el uso del infinitivo en lugar del imperativo, como se hace a menudo en el habla coloquial». ¡Mal vamos si distinguimos, en el conjunto de la normativa ortográfica y gramatical —no estamos hablando de estilo, ni de registro lingüístico—, un habla esmerada y un habla coloquial, cada una con sus propias leyes!

Pero no para ahí la grave responsabilidad de la Academia en el coma profundo que aqueja actualmente al imperativo plural, inmolado en el altar del todopoderoso infinitivo, ya que, al dictaminar que «no debe confundirse el empleo desaconsejable del infinitivo en lugar del imperativo de segunda persona del plural con la aparición del infinitivo con valor exhortativo en indicaciones, advertencias, recomendaciones o avisos dirigidos a un interlocutor colectivo e indeterminado, habituales en las instrucciones de uso de los aparatos, las etiquetas de los productos o los carteles que dan indicaciones…» —por tratarse, según ella, de «estructuras impersonales en las que no se da una orden directa, sino que se pone de manifiesto una recomendación, una obligación o una prohibición de carácter general»—, lo que está haciendo es, amén de asignar al infinitivo un valor del que gramaticalmente en puridad carece, condenar al imperativo  de segunda persona del plural a desaparecer del universo visual del hablante (instrucciones, etiquetas, carteles…) y, por consiguiente, de ese «universo del discurso» al que tan acertadamente se refiere nuestra compañera, depauperando así un idioma últimamente ya bastante empobrecido.

Pablo Herrero Hernández

Anuncios

4 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo. Escalofriante también lo de las haches de la anterior entrada. Así nos va…

  2. Gracias por tu comentario, Alicia.

  3. Fabuloso. Muchísimas gracias por escribir este artículo. Abrazos

  4. Gracias a ti por el comentario. Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: