Belleza de la elipsis clásica (3)

No crea, quien haya leído nuestros dos anteriores articulillos de esta serie, que sólo se refugia la hermosa elipsis del español clásico en textos literarios; ya vimos en uno de ellos que ni siquiera la tradicionalmente denostada prosa burocrática hacía ascos a tan expresivo recurso estilístico.

El ejemplo que hoy traemos nos ha salido al paso al releer la descripción que de la famosa Capilla Mozárabe de la catedral de Toledo traza el benemérito Sixto Ramón Parro, autor de Toledo en la mano, ó descripcion histórico-artística de la magnífica catedral y de los demás célebres monumentos y cosas notables que encierra esta famosa ciudad, antigua córte de España, con una esplicacion sucinta de la misa que se titula Muzárabe, y de las más principales ceremonias quer se practican en las funciones y solemnidades religiosas de la Santa Iglesia Primada (evidentemente, aún no existía Twitter), Imprenta y Librería de Severiano López Fando, Toledo 1857, tomo I, p. 257; tomo que tenemos la dicha de albergar en nuestros anaqueles; no así el segundo, para el que tuvimos que adquirir la reedición publicada en 1978 por el Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos. Se trata, por cierto, de la mejor y más completa guía de un monumento que hemos conocido hasta la fecha: piénsese que dedica, en su primer tomo, nada menos que ¡709! tupidas y documentadísimas páginas a la descripción externa e interna de la Dives Toletana.

Pero pasemos ya a reproducir el párrafo en cuestión, en el que, debido a su articulación y para su mejor comprensión, señalaremos en negritas el término objeto de las elipsis y los artículos que lo sustituyen. Refiérese Parro al insigne cardenal Cisneros, fundador, como es sabido, de la Capilla Mozárabe:

«Luego que obtuvo del Papa Julio II las bulas de autorizacion para llevar á cabo su pensamiento y adquirió el sitio que dejamos insinuado para destinarle a capilla muzárabe, y habiendo instituido ya las capellanías que se ha dicho, estableciendo por el pronto su culto en la Sala capitular de verano, encomendó al famoso Enrique Egas, maestro mayor de la obras de la Santa Iglesia, la necesaria para transformar en la actual capilla la antigua Sala de los Cabildos y capillita del Corpus Christi; lo cual ejecutaron, bajo la direccion de aquel célebre arquitecto, dos buenos maestros de albañilería, moros de nacion, llamados Farax y Mohamá, quienes sin duda hicieron por el pronto la mas precisa para que los capellanes pudieran instalarse allí en el citado año de 1504…».

Como se ve, las dos elipsis suplen el singular del término de referencia, que está en plural. Y llama la atención lo distante que está la segunda respecto a aquél; pero la buena estructura sintáctica del pasaje la hace plenamente comprensible.

Pablo Herrero Hernández

 

Anuncios

5 comentarios

  1. soledad andres castellanos |Responder

    Releo hoy con muchísimo interés tus tres articulitos sobre la elipsis. Magníficos.
    Pero me gustaría que incluyeras también las citas de Teresa de Jesús, me encantaría releerla…

    1. Releo hoy, bastantes días después de nuestro diálogo aquí, el imprescindible ensayo de alguien a quien creo conociste muy bien, don Ramón Menéndez Pidal, titulado «El estilo de Santa Teresa», que en la famosa edición de Aguilar de las «Obras Completas» (9.ª ed., Madrid 1963) de la insigne abulense precede el texto de éstas. Habla en él el ilustre maestro de filólogos de «elipsis incesantes» (p. 40) como una de las características del estilo teresiano, junto con «concordancias trocadas, paréntesis enormes que hacen perder el hilo del discurso; razonamientos inacabados por desviación del pensamiento, oraciones sin verbo», todo ello motivado en que «la reformadora carmelita redacta siempre arrastrada por la rápida afluencia del idear» (ibíd.). Y en efecto, estos días que estoy volviendo a leer por enésima vez textos teresianos, las elipsis son incontables, y a veces incluso difíciles de suplir, pues a lo mejor el referente no se encuentra en la frase anterior, sino en la antepenúltima, por ejemplo. Todas ellas —eso sí— dan una soltura y un donaire al discurso, que cautivan.
      Un saludo muy cordial.

  2. Querida Marisol: Muchas gracias por tu aprecio, avalorado por tu buena amistad y por tu enorme competencia en la materia. Nada más leerte, he abierto al azar las «Obras Completas» de Teresa de Jesús en su edición de la BAC y he encontrado la siguiente, en el cap. 5, 1 del Libro de la Vida: «Todo me parecía virtud, anque esto no me será disculpa; porque para todo sabía lo que era procurar mi contento, y ansí la ignorancia no quita la culpa. Alguna tiene no estar fundado el monesterio en mucha perfeción…».
    Coincido contigo en el encanto que supone leerla una y otra vez: es como volver a beber en las fuentes de nuestro idioma. ¡Qué frescura, qué lozanía! Sale uno nuevo…
    Prometo, eso sí, traer más ejemplos de esa gran estilista sin saberlo ni quererlo que fue la insigne carmelita.
    Gracias una vez más por todo.

  3. soledad andres castellanos |Responder

    Muchas gracias. Sí, es un placer releer a Teresa

  4. Gracias a ti, Marisol. Creo que, como todos los clásicos de su época —pero aún más que ellos precisamente, entre otras cosas, por su motivación tan radicalmente distinta para el acto de escribir— «descansa» leerla, «desintoxica» de las mil jergas pretenciosas que hoy nos asedian desde todo tipo de publicaciones.Y al cerrar sus páginas uno vuelve a creer en la belleza y grandeza del idioma suyo y nuestro.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: