¿Abrahán o Abraham?

A diferencia de otras versiones de la Biblia de época reciente —como la por otra parte muy meritoria Biblia de Jerusalén—, la versión oficial del texto bíblico publicada por la Conferencia Episcopal Española hace unos dos años (y que a partir del que viene será, según tenemos noticia, la que adopten los textos litúrgicos de esta confesión en España) ha optado, con muy buen acuerdo, por la forma hispanizada Abrahán frente a la más etimológica de Abraham.

Nos parece un criterio excelente, el de esta adaptación de la forma semítica al genio de nuestra lengua, a la que es ajena la terminación en eme. Con ello no se hace, además, sino adaptar la grafía del nombre del patriarca a la completamente asentada de otros nombres propios bíblicos como Adán, Joaquín o Efraín, por no recordar topónimos de tanta importancia y notorio arraigo en nuestra cultura como los de Jerusalén o Belén.

También nos alegra mucho comprobar que esta nueva versión autorizada del texto bíblico en español no cae en el ridículo vicio que aqueja a innumerables padres y madres españoles —cuando no a las propias interesadas—: el de añadir una hache espuria, totalmente ajena al espíritu de nuestra lengua, a la hora de imponer a alguna de sus hijas los clásicos nombres de heroínas bíblicas como Rut, Ester o Judit, que bueno será recordar que en español no llevan esa hache, importada no ya del hebreo bíblico, sino de otros idiomas modernos.

Por mucho que en el Registro Civil las Ruth, Esther o Judith —y hasta puede que ya las Martha— sean legión (algo que comprobamos con frecuencia quienes ejercemos el oficio de traductores jurados), conviene que se sepa que el uso castizo reprueba en estos casos el añadido de la hache, al igual que en topónimos asimismo de procedencia bíblica, como el de Nazaret.

Con gran acierto, pues, el nuevo texto oficial bíblico de la iglesia católica en España no se ha doblegado, en este caso, a la tendencia dominante.

Pablo Herrero Hernández

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6 comentarios

  1. Debo confesar que estoy tan acostumbrado a ver y escribir ‘Abraham’ que me suena todavía raro ‘Abrahán’. En lo que sí coincido plenamente contigo es en la crítica a la agregación de una hache a nombres como Ester o Judit. Es algo sumamente absurdo y totalmente contrario a nuestro idioma. Yo tengo varias ‘Esther’ en mi familia y no hay quien las convenza de que esa hache sobra en el nombre español. Mi tía, ya fallecida, fue bautizada como Ester, pero empezó a firmar con hache por imitar a la actriz y nadadora norteamericana Esther Williams, muy de moda cuando ella era joven. Su hija y su nieta siguen su ejemplo y no quitan esa hache que muy bien defines como espuria. En fin, ellas sabrán.

    1. A mí también me pasa lo mismo; en esto como en todo, es cuestión de tiempo, de ir viendo la palabra escrita (en la pronunciación española poco difiere la forma de decir una y otra palabra) y acostumbrándose a ella. Y estoy completamente de acuerdo con el origen que apuntas —a través de un ejemplo familiar— de la tendencia o manía de añadir la «h» a nombres que en español no la tienen: el deseo de llamarse igual que determinadas estrellas internacionales, cuyos nombres —correctos en sus respectivos idiomas— invaden carteleras y títulos de crédito. Un exotismo, en suma.
      Gracias por tu comentario.

  2. Interesantisimo blog que acabo de descubrir. Mis felicitaciones por el. Solo queria comentar que Ester sin “h” viene del Persa en cuanto me consta. No entiendo, por tanto, la fijacion en algunos casos contra usar la forma “con h”. Ambas parecen claramente derivadas de idiomas ajenos al nuestro. Existe alguna otra razon para usar , en consecuencia, “Ester”?. Es una curiosidad que siempre tuve. Gracias de antemano por la respuesta que seguro resolvera mi duda.

    1. El autor de este blog disposición no puede asegurar su continuidad al frente del mismo, debido A una ceguera sobrevenida a raíz de un tumor cerebral. Respecto al motivo de lo que indica, es posible que ello obedezca a
      de la habitual y natural tendencia de la lengua escrita a despojarse, en el curso de su historia, de letras no etimológicas ni con valor de fonema. Muchas gracias por su aprecio Y un saludo muy cordial.

  3. Yo también acabo de descubrir esta página, muy buena, por cierto. Sin conocer ni el sitio ni a su autor, abrí hace un mes una ciberbitácora con el mismo título DEFENSA DEL IDIOMA, aunque en blogspot.com.es; y buscando otras que trataran sobre el mismo asunto, para enlazar con ellas, llegué a ésta.

    Le deseo al autor todo el ánimo del mundo para sobrellevar su enfermedad.

    1. Como autor y administrador del blog Defensa del idioma, agradezco sus palabras y su preocupación por mi salud, al haber perdido hace unos meses, debido a un tumor, toda mi visión izquierda. Yo empecé mi blog Defensa del Idioma en noviembre de 2010, como consta por su primera entrada (https://defensadelidioma.wordpress.com/about/), y su título se deriva del de una obra inédita de mi abuelo materno, el escritor Luis Hernández Alfonso (Buñol, 1901 — Madrid, 1979), Premio Cervantes y Premio Zozaya, ambos de 1930, que empecé a publicar en el blog, también de WordPress, Los Hernández: https://loshernandez.wordpress.com/luis-hernandez-alfonso-bunol-1901-madrid-1979/31-obras-de-luis-hernandez-alfonso/defensa-del-idioma/, a partir de julio de 2008 y que aún está pendiente de publicar en su integridad debido al mismo problema de arriba. Un saludo muy cordial. Pablo Herrero Hernández, Madrid

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