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Un artista que su música…

Acabamos de oírlo no en el mercado ni en la calle, sino en una emisora de radio, oficial para más inri: «Radio Clásica», al hablar el cateto locutor Carlos Garrido del malogrado Usandizaga. «Un artista que su música…». ¡Viva el anacoluto y viva la ignorancia del pronombre español cuyo con sus correspondientes flexiones!

Y lo curioso es que, con alguna excepción como la del inglés whose, otras lenguas tienen motivos para envidiarnos la economía que supone disponer de un pronombre con flexiones y con valor de posesivo y poder decir y escribir en una palabra lo que ellos tienen que hacer, como mínimo, con dos: por ejemplo, «il/la/i/le cui» del italiano o «dont le/la/les» del francés.

Hace tiempo (¡casi cinco años!) ya dedicamos un articulejo a esta cuestión en la bitácora «El jardín cerrado»: Réquiem por un pronombre español. Por lo visto y por desgracia, no ha perdido actualidad, hasta el punto de no atrevernos a excluir que, el día menos pensado, la RAE le cuelgue a cuyo la etiqueta de «desusado», que es, salvo contadas sorpresas, algo así como la extrema unción de las palabras.

Pablo Herrero Hernández

Agradeciéndole, reciba

Quienes firmamos estas líneas, quién sabe cuántas veces habremos terminado nuestras cartas o correos electrónicos con una fórmula parecida a ésta: «Agradeciéndole la atención, reciba un cordial saludo».

Hace tiempo caímos en que ésta, al igual que otras frases del mismo tipo, constituye un anacoluto monumental, pues los sujetos de cada uno de los miembros de la frase son distintos («yo» para el primero, «usted» para el segundo). Optamos, pues, por otro tipo de solución, como: «Agradeciéndole la atención, le envío un atento saludo», donde es ya uno sólo, el «yo» firmante, el sujeto de toda la frase.

Hoy, al recibir un escrito rematado por la frase incriminada, nos ha parecido buena cosa traer aquí este error sintáctico, al parecer bastante extendido.

Pablo Herrero Hernández