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Inclusa de Endecasílabos (3)

Cuando aún no se ha cumplido bien el primer  día de funcionamiento de nuestro caritativo asilo de endecasílabos sin padres conocidos, hemos de lamentar haber tenido que proceder al primer despido de un miembro del personal de esta casa, que estaba precisamente al cuidado de la Sala de Italianos Comunes o Propios.

Se trata —o mejor dicho se trataba, pues ya la hemos puesto de patitas en la del Rey (precisamente en este aniversario de república)— de una cuidadora con humos y ribetes de bachillera, que a las primeras del día se ha presentado en nuestro despacho con dos rorros de su cosecha, en unión de los cuales quería sacar a pasear a nuestros dos asilados para llevarlos a casa de un conocido suyo. Detalle curioso es que, segura la muy engreída de nuestro asentimiento, había levantado y vestido ya a nuestros incluseros, pero al primero de éstos —Sujeto a variación sin previo aviso— ¡lo había vestido de niña, es decir como Sujeta a variación sin previo aviso!

Tan inopinado cambio de sexo no podía dejar de levantar nuestra legítima sospecha de que algo turbio se encerraba en el aparentemente laudable propósito de nuestra trabajadora, cuando un examen somero de sus dos hijos nos hizo caer en la cuenta de lo que su artera mente había fraguado.

Formados cual soldados ante nosotros los cuatro endecasílabos, primero los incluseros y luego los supuestamente legítimos, formaban, sin duda alguna, un cuarteto ABBA —que no es lo que algunos estarán pensando—, pero, señores, ¡qué cuarteto! Véanlo con sus propios ojos:

Hacerlo inolvidable es cosa suya,
sujeta a variación sin previo aviso:
no se haga de hoy ya más el indeciso
y clave en mí el acero de su puya.

Si el primer hijo de nuestra ya ex trabajadora (con perdón de la Academia por no juntar el ex formando horrible palabro), No se haga de hoy ya más el indeciso, tiene dos sinalefas de las que afean, y no embellecen («se ha-», «de hoy ya») —siendo atrevidísima y de pésimo gusto la segunda, con perdón de san Juan de la Cruz (cuyo místico préstamo pensó tal vez la culpable que encubriría sus non sanctas mañas)—, el segundo, Y clave en mí el acero de su puya, de hechuras mejores —todo hay que decirlo— y con una sinalefa que sugiere, precisamente en cuestión tan dolorosa como una herida, una miel subliminal de las que —como se dice en las cercanías de la Inclusa— «tienen tela» y «traen cola» (absit injuria verbo), y pese a su bien traída metáfora taurina, era, sin embargo, uno de los endecasílabos más descarados que hemos podido conocer en nuestra ya larga trayectoria de buscadores de los mismos.

A la vista estaba el criminal designio de la procaz empleada en utilizar a nuestros dos perfectos asilados —fíjense, dicho sea de paso, en lo  que el cambio de niño a niña Sujeta a variación sin previo aviso parece querer insinuar sobre los posibles avatares y altibajos de las prestaciones sexuales masculinas—  para, junto con sus dos hechuras —fea y santurrona la primera y arrogante y descarada la segunda—, impetrar los vulgares favores de un galán. ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Se busca, pues, nueva cuidadora, a ser posible sin prole endecasilábica, sin bachillerías y razonablemente —por aquello de sujeta a variación sin previo aviso, que se da hasta en las mejores familias— satisfecha de estar honestamente casada.

El Director de la Inclusa de Endecasílabos

Inclusa de Endecasílabos (2)

Nuestro buen amigo y fiel lector de estas gacetillas Melmoth acaba de depositar en el torno de nuestra Inclusa —al favor de las tinieblas, como procede— a otro endecasílabo de filiación desconocida, si bien de origen comercial:

Hacerlo inolvidable es cosa suya

El mismo y caritativo amigo nos señala las principales virtudes del recién llegado, es decir las dos sinalefas «-lo i-» y «-ble es» que dan alas y soltura a nuestro asilado. El cual, con arreglo a su acentuación en sexta y décima sílabas, pasará a acompañar a Sujeto a variación sin previo aviso en la Sala de Italianos Comunes o Propios, aposento al que —dicho sea de paso— hemos dado grandes dimensiones en previsión de una posible mayoría de  ingresos de endecasílabos de esas características, lo que estas primeras horas de rodaje de la institución parecen confirmar.   

El Director de la Inclusa de Endecasílabos

Inclusa de Endecasílabos (1)

Aunque algún lector se pregunte —y con razón— si el tema de este artículo y de los que —si los manes de Cervantes y Nebrija nos amparan— le sigan bajo el mismo título guarda estricta relación con esa defensa del idioma que es la razón de ser de la presente bitácora, en uso de las atribuciones casi dictatoriales que WordPress e Internet nos confieren, venimos en inaugurar la presente Inclusa de Endecasílabos, en cuyo torno podrá cualquiera de nuestros lectores depositar libremente, mediante oportuno correo a la dirección de contacto que figura en la parte superior de la columna derecha, endecasílabos bien sin filiación conocida, hijos de la casualidad más prosástica, o bien que, aún conociéndose aquélla, no han sido reconocidos por sus padres como tales (es decir como tales endecasílabos).

En efecto, y de manera parecida al famoso personaje de Molière que se encontró de la noche a la mañana con que hablaba en prosa, mucho pergeñador de prosa comercial, oficial, burocrática, etc… escribe de vez en cuando, sin saberlo, algún endecasílabo que, si pedestre casi siempre en la materia, formalmente puede a menudo sostener la comparación con los más alados y cincelados de un Boscán o de un Garcilaso.

A buen seguro que a un lector determinado de estas páginas —acaso, en ocasiones, el único—, con quien en otro tiempo nos entretuvimos, entre otros menesteres, en la confección de cadáveres exquisitos en dicho metro, y que hasta nos honró inspirándose en nuestra sacra fames endecasilábica para pintar al protagonista de un su relato, le resultará familiar esta iniciativa.

Iniciativa que inauguramos depositando hoy en el torno de esta flamante institución al primer borde que quedará ya al amparo de la misma; nos referimos al siguiente endecasílabo inclusero, hallado el otro día en una librería de Internet, en la que, en relación con el precio de sus publicaciones, se especifica:

Sujeto a variación sin previo aviso

Se ingresa de inmediato al mencionado endecasílabo en la Sala de Italianos Comunes o Propios, habida cuenta de su acentuación en sexta y décima sílabas. Cabe apuntar, entre los defectos que presenta a un primer examen el flamante inclusero, cierta tendencia a la aliteración de la v, particularmente molesta en sus últimas sílabas («previo aviso»).

Pablo Herrero Hernández