Publicaciones de la categoría: Neologismos

¿Gamificación?

Se trata de un anglicismo absolutamente reprobable, ya que, en buen español, gamificación sólo podría significar el proceso de convertirse algo en una gama (¡o en un gamo!). Aunque, dada su difusión, damos ya la batalla por perdida, no por ello vamos a dejar de indicar una alternativa bien construida en nuestro idioma: ludificación, que recurre al latín ludus, cuyo étimo hallamos igualmente en otros términos —todos ellos de moderna introducción— referidos al juego, como lúdico, ludopatía, ludópata…

Es de lamentar, una vez más, que las academias que debieran velar por la lengua española —tanto la de este lado del charco como las del otro—, en vez de tanto mirarse el ombligo celebrando congresos absolutamente innecesarios en los que se repite como una letanía el mantra de la «excelente salud de que goza el español» y se reitera con necio orgullo la clasificación de éste entre las primeras lenguas del mundo (sin parar mientes en su más que comatoso estado), no constituyan comités de intervención urgente para atajar a la raíz la introducción de barbarismos como el que nos ocupa y proponer, recomendar y hasta exigir —por ejemplo en los medios públicos y en los documentos oficiales— el empleo de alguna alternativa sabia y castizamente concebida: es lo que hace, por ejemplo, en Francia su correspondiente academia, a la que deberían mirar nuestros inutilísimos inmortales.

De otra manera, la labor de éstos ante casos como el de gamificación se limita, como siempre, a mirar para otro lado mientras el barbarismo se instala a sus anchas y, una vez asentado y arraigado éste, a entronizarlo con todas sus bendiciones en el templo de la lengua, acompañándolo con la consabida jaculatoria, que viene a ser, sobre poco más o menos, la siguiente: «Empléese esta forma, por ser la más extendida».

Pablo Herrero Hernández

Estar operativo y efectuar su entrada

Aludíamos ayer a esta locución-comodín de «estar operativo», que va desplazando rápida e inexorablemente, según casos, a verbos como funcionar o marchar y, en su versión negativa —«no estar operativo»— a averiado y similares. De un cajero automático a un reloj, de un  teléfono de asistencia a un televisor, todo mecanismo, toda máquina, todo servicio está o deja de estar operativo. Fruto es éste de la tendencia a alargar vocablos y sintagmas que desde las esferas técnicas, legales y burocráticas desciende al habla popular por todos los cauces escritos y orales, y muy particularmente por el conducto de los medios de comunicación.

Un caso análogo es el del Metro de Madrid, organismo cuyos trenes, según rezan los avisos luminosos, no se limitan ya a esa vulgaridad de «entrar» en las estaciones, sino que «efectúan su entrada», lo cual es, a todas luces, algo completamente diferente, rutilante y superior.

¡Larga vida, pues, a los giros absurdos y cuanto más largos mejor! ¡Que vivan  también los archísilabos y que mueran los vocablos únicos y cortos, los verbos, sustantivos y adjetivos «de toda la vida», con sus estúpidas pretensiones de plenitud de significado!

Pablo Herrero Hernández

¿TV de pago, TV de paga o TV paga a secas?

Venimos observando últimamente, a través de Google+, un neologismo que parece emplearse sobre todo por escribientes hispanoamericanos: nos referimos a la locución «TV de paga» e incluso «TV paga».

Aunque, estrictamente hablando, tanto paga como pago pueden considerarse sinónimos, creemos preferible la solución que, imaginamos, se emplea mayoritariamente en España («TV de pago»), por estar calcada de otras afines ampliamente extendidas desde hace mucho («medios de pago», «carta de pago», «colegio de pago», etc…), y porque —por lo menos según nuestra sensibilidad idiomática— en nuestro país empleamos preferentemente paga en su acepción 3.ª de ‘sueldo de un empleado’.

Lejos de pretender imponer en América el uso de España, nos parece tan bien que allí se siga diciendo y escribiendo «TV de paga» como que de este lado del Atlántico sigamos empleando «TV de pago». Lo que sí juzgamos evitable, por lo menos en un registro culto y desde luego en el lenguaje técnico, incluso en Hispanoamérica, es la locución «TV paga», que emplea —según nos ha sido señalado por un lector— el participio irregular del verbo pagar, propio del registro coloquial del español de América y, señaladamente, de la Argentina, como confirma el DPD.

Otra forma para significar este mismo objeto podría haber sido la que en 1991 sugería el Diccionario terminológico de los medios de comunicación, de Florencio Prieto (Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Madrid 1991) —tan encomiable por tantos conceptos—, que hablaba de «TV de peaje», aunque su uso no parece haberse afianzado de manera significativa.

Pablo Herrero Hernández

(Artículo actualizado el 23-III-2012)

Sitiografía

Durante una de tantas incursiones en la Red con motivo de nuestra labor de traducción, hemos encontrado la voz —que desconocíamos— sitiografía con el significado, afín a bibliografía, de «lista o catálogo de escritos publicados en Internet sobre una determinada materia» (la definición es nuestra, y como tal mejorable).

Nos parece un neologismo no sólo procedente, sino necesario, bien construido sobre el modelo antes citado, que ha dado también carta de ciudadanía a filmografía, por lo que abogamos decididamente por que su implantación se extienda cada vez más tanto en la Red como fuera de ella, máxime cuando es y será cada vez más frecuente, especialmente en ensayos —ya publicados en papel, ya directamente en Internet—, la referencia a textos presentes en sitios de Internet, los cuales, por su propia naturaleza, parecen demandar un epígrafe o encabezamiento distinto al tradicional de bibliografía.

En este sentido, no estaría de más, a nuestro entender, que la RAE diera su espaldarazo a este útil neologismo, que suponemos procedente del francés sitographie.

Pablo Herrero Hernández

El director de la RAE, en Babia

No nos consta que José Manuel Blecua esté de visita institucional en la comarca leonesa de ese nombre. Más bien nos referimos al significado metafórico y coloquial de la expresión, de todos conocida.

Según nos comunica un buen amigo, el mes pasado, «La Vanguardia» lo entrevistaba en su sección titulada «La Contra», y entre otras lindezas en las que no entraremos, preguntado por los periodistas si «erosiona la tele el uso del idioma», contestaba, o más bien sentenciaba:

«Las agencias de noticias y los telenoticiarios —¿no podía decir telediarios, como todo el mundo en España? ¡Ni siquiera figura la tal palabreja en su diccionario!— son muy escrupulosos en el empleo del español. Luego está cada hablante».

¡Muy escrupulosos en el empleo del español! Por los poquísimos telenoticiarios que vemos, este hombre —que en el resto de la entrevista alardea, amén de jovellanista y erasmista, ¡ahí es nada!, de saber utilizar todo tipo de tecnología informática— está, realmente, en Babia.

Aunque, por la necesidad que su puesto supone para el país, quédese en buena hora en Babia, si allí lo aguantan.

Pablo Herrero Hernández