Publicaciones de la categoría: Prosodia

¿Diptongofobia o hiatofilia?

Hace unos días terminaba el por muchos conceptos célebre concurso ¿canoro? de Eurovisión. Para los espectadores españoles, secundaba al ya vetusto Íñigo en sus funciones de comentarista una joven, a la que imaginamos infeliz becaria. Ésta, al referirse al país que acogía el certamen, siempre lo llamaba, metódicamente, con constancia digna de mejor causa, Suécia, convirtiendo indebidamente en hiato el diptongo. Y ello nos recordaba a otro caso análogo, harto extendido en los medios de comunicación oral españoles, en los que a la actual reina de los belgas se la suele llamar, con ignorancia y terquedad parejas, ya desde sus tiempos princesilesPaóla,  transformando análogamente en hiato el original diptongo italiano (idioma en el que este nombre, salvando la segunda vocal, se pronuncia exactamente igual que su equivalente español, Paula.

Más allá de la ignorancia y de la terquedad a las que aludíamos, el diagnóstico entre las dos tendencias que encabezan este artículo nos parece tan difícil como aventurado. Y acaso inútil.

Pablo Herrero Hernández

Anuncios

Pintadas, pero con tildes

VenezuelaHace unos días, aparecía en «El País» digital esta foto de la agencia AFP, correspondiente a una pintada en Caracas, o, mejor dicho, a una pinta, que así nos asegura el DRAE que las llaman en el país de nuestro venerado Simón Díaz. Vaya por delante que aunque, como todo hijo de vecino, tengamos nuestra particular opinión sobre el mandatario en ella citado, huelga en esta bitácora cualquier consideración de carácter político. Y precisemos también que no somos especialmente amigos de esa forma de contaminación visual y estética que suponen las pintadas o grafitos.

Una vez dicho esto, hemos de comprobar, una vez más, la superioridad de nuestros hermanos de habla y escritura de allende el Océano en el respeto al idioma que compartimos. En efecto, salta a la vista el énfasis con que el autor de la pintada ha tildado correctamente las tres palabras de su texto que llevan acento gráfico: Chávez, está, díganlo. Y aunque, puestos a buscar peros, echemos de menos un signo de puntuación entre las dos frases (nos inclinaríamos por los dos puntos) y el de apertura de la exclamación (que podría coincidir, tal vez, con lo que parece ser el trazo vertical de la «D» que sobresale por debajo), mucho nos tememos que, de ostentar dicha pintada cualquier pared de España, las tildes brillarían en ella por su ausencia.

Y es que, en la antigua cuna del idioma común, a pie de calle (nunca mejor dicho), los acentos gráficos están bastante más muertos que Chávez.

Pablo Herrero Hernández

Medallero olímpico de esdrújulas

Ignoramos si España está conquistando o no las esperadas medallas en los Juegos Olímpicos de Londres, pero nos ha bastado una ráfaga de dos o tres minutos de retransmisión de un partido de hockey para entender que la disciplina en la que nuestro país se llevará la palma durante estas semanas será el esdrujulismo periodístico.

Hablaba el cronista televisivo, invariablemente, del cápitan de nuestra séleccion, la cual jugaba contra Pákistan  y aprovechaba toda ócasion para volcar a su favor la cómpeticion —este último sobresdrújulo le valdrá, a buen seguro, un oro—. Y no se crea que es achaque de un locutor aislado: en otras ráfagas que nos han llegado posteriormente, otros colegas suyos diseminaban sobresdrújulos de contrabando como bálonmano y cómpañeros con la mayor náturalidad.

Suerte tenemos de que no solemos seguir las competiciones deportivas. Y comprendemos muy bien lo mal que debía de pasarlo un Lázaro Carreter —él sí gran aficionado al deporte— al oír las barbaridades, tanto prosódicas como léxicas, sintácticas y gramaticales, que gustan de cometer y de acumular los cronistas deportivos.

Pablo Herrero Hernández

La hache muda y la aspirada

En nuestro idioma, esta letra es casi siempre muda; pero en algunos vocablos, se aspira; y en algunas comarcas se aspira siempre. Carecemos de normas sobre el particular; y así, tal pronunciación se hace arbitrariamente. Incluso, familiarmente, se denomina jándalos a los andaluces y extremeños que convierten las haches en jotas… y, en ocasiones, aspiran las palabras que comienzan con vocal, como anteponiéndoles una h imaginaria.

El resultado de esta carencia de valor fonético fijo de la hache ha sido que, en los Diccionarios, figuren palabras sinónimas con la sola diferencia de una hache en lugar de una jota; y que se admitan como correctas, para una misma palabra, unas veces la grafía con «j» y otras la grafía con «h», rechazándose como barbarismo la no aceptada.

El lenguaje español apenas tiene pronunciación figurada, es decir, que, salvo contadas excepciones (la c, la g, la h…) las letras poseen un sonido constante. Lo general es que la hache sea muda; y, en consecuencia, cuando se pronuncia, se sustituye por la letra cuyo sonido, aunque más fuerte y gutural, es el que más se asemeja al de la aspiración. De aquí resulta una «digrafía» aceptada unas veces y rechazada otras por la Academia, la cual opta por la jota o la hache sin exponer las razones de su elección.

Veamos, como ejemplo, algunos de los numerosos casos que podrían citarse.

La Academia acepta estas voces:

Bahuno y Bajuno
Haca y Jaca
Hallullo y Jallullo
Humera y Jumera
Hopo y Jopo
Hollín y Jollín
Holgorio y Jolgorio

Considera incorrectas las siguientes:

Ajechar por Ahechar
Ajecho por Ahecho
Ajitera por Ahitera
Ajuate por Ahuate
Ajumarse por Ahumarse
Bojío por Bohío
Jallar por Hallar
Jamaca por Hamaca
Jato por Hato
Jenequín por Henequín
Jerrumbre por Herrumbre
Jico por Hico
Jipar por Hipar
Jonda por Honda
Jorro por Horro
Jorondo por Horondo
Jurgar por Hurgar
Juronera por Huronera
Jutía por Hutía

En todos estos casos, ha optado por la hache; pero opta por la jota en algunas palabras y estima incorrectas:

Bahareque por Bajareque y Herga por Jerga

Ahora bien: como, aun escribiéndose con h una voz, cabe la aspiración de dicha letra, los sonidos se diferencian mucho menos que las grafías, por lo que la confusión persiste en la práctica.

Luis Hernández Alfonso, Defensa del Idioma (1948-1952)

Algo sobre esdrújulos

La Real Academia Española, en su Diccionario Manual, estampa estas líneas: «Telégrama.— Es barbarismo hacer esdrújula esta voz».

Nada tendríamos que objetar a esa afirmación si no se diera la anomalía de que en el mismo Diccionario figuren, como vocablos correctos, los esdrújulos telégrafo, teléfono, gramófono, fonógrafo, sismógrafo, termómetro, barómetro, cronómetro, tipómetro, taxímetro, tipógrafo, topógrafo, cinematógrafo, cronógrafo, cronólogo, arqueólogo, entomólogo… y otros muchos de análoga morfología, formados, como telegrama, de dos voces griegas. ¿Por qué ha de decirse telégrafo y es barbarismo telégrama? La falta de consecuencia resulta evidente.

A mayor abundamiento, la docta corporación incluye en el léxico oficial las palabras kilogramo y kilolitro, llanas, junto a kilómetro, esdrújula. ¿A qué obedece esa diferencia? ¿Acaso el prefijo kilo varía de acento porque preceda a metro o a litro? Otro tanto sucede con hectómetro, hectolitro, hectogramo, hectárea, hectógrafo etc., unos llanos y otros esdrújulos, sin motivo alguno que justifique la disparidad.

Más ejemplos de tal anomalía: aeródromo, aeróstato, aeróscopo, aerolito, aerograma, aerófobo, decalitro, decámetro, decálogo, catálogo, decilitro, decagramo, decímetro, mililitro, miligramo, milímetro… La lista de palabras que se hallan incluidas, arbitrariamente, entre las llanas o entre las esdrújulas, sería demasiado extensa; y creemos que las indicadas bastan para demostrar la falta de unidad de criterio a que nos referimos.

Luis Hernández Alfonso, Defensa del Idioma (1948-1952)

Madríd, Ciudád Aspiránte

Es lo que les ha faltado poner a los empecinados munícipes matritenses, en consonancia con la tilde que —ignoramos por qué— luce indebidamente la segunda sílaba de Madrid en el por otra parte horroroso y ambiguo logotipo que se han sacado de la manga.

Como madrileños y amantes de la calma y la tranquilidad —aunque semejante asociación pueda parecer un oxímoron— celebramos, eso sí, que el «sueño olímpico» gallardonbotellano haya sido pospuesto, con gran acierto, hasta 20020. En efecto, y pese a los indudables avances de la medicina en general y de la geriatría en particular, esperamos no estar para entonces en condiciones de sufrir la que se le vendrá encima a esta Villa y seguramente, por aquella fecha, todavía Corte.

Pablo Herrero Hernández

Acentuación ambulatorial

Es la que nos hemos encontrado esta mañana en el centro de salud de una conocida mutua cercano a nuestro domicilio, adonde nos trasladamos —cada vez con mayor frecuencia— para los necesarios estudios diagnósticos, con la ilusión de que el acompañamiento de nuestro cuerpo al sepulcro por parte de los galenos «musitando palabras griegas» —como dijo un gran autor cómico al definir el arte de la Medicina— sea lo más dilatado posible en el tiempo.

Una vez realizada la prueba, al entrar en el servicio de caballeros —¡qué antiguo suena esto, como apearse o dar la vez!—, vemos un cartel primorosamente impreso en varios colores en el que la compañía, tras indicarnos que el agua es un bien escaso, nos exhorta con desenfadado tuteo:

Usalá con responsabilidad

No úsala, como sería lo correcto, sino usalá, como en verdad la mayoría de la población —ésa que según el harakírico axioma de la RAE está en posesión de la verdad en temas lingüísticos— tiende a pronunciar los imperativos con enclítica. Vemos, pues, que, pese a que no corren buenos tiempos para esa imitación de pacotilla rococó que son las reales academias españolas en relación con sus modelos transpirenaicos, la doctrina recientemente abrazada con fervor de neófito converso por la RAE, según la cual hay que tildar como se pronuncie —aunque nosotros debemos de vivir en Babia, pues seguimos sin dar con nadie que pronuncie guion o pais—, tiene fervorosos adeptos en una de las principales mutuas sanitarias españolas.

La misma que, para más inri, ha dado en llamarse Sanitas, llana, cuando este trisílabo latino —como sus semejantes caritas, bonitas o veritas— es esdrújulo.

Estrambote

Bien pensado, tal vez nos equivoquemos en atribuir el dislate ambulatorial a reverencia —en este caso anticipadora seguramente de  una próxima reforma— por la RAE y sus hilarantes dictados. Sabido es que en España la musa popular siempre se ha peleado con los acentos, y al igual que cantábamos a voz en grito en nuestra ya lejana infancia (y sin que nos sirviera de mucho la expresión de nuestro deseo):

Quisiera ser tan alto como la luná

se oye por tierras manchegas aquello de

Ahí la tienes, Currillo, echalé el ojó
a esa desmelenada del peló rojó
del peló rojó, niña, del peló rojó

Eso por no irnos directamente a orillas del Ebro o del Guadalquivir, donde jotas y sevillanas respectivamente imponen su pegadiza dictadura rítmica destrozando toda letra que se ponga por medio.

Y que no es sólo achaque moderno, confírmalo (mejor dicho, confirmaló, aunque aquí no sea imperativo) el hecho de que, de diez canciones actuales en que aparezca la palabra corazón (con mucho, la víscera más presente en ese tipo de composición, metáfora eufemística y canora de otros órganos menos cantables aunque mucho más implicados en la génesis del motivo de la canción), puede estar seguro el lector que en nueve de ellas como mínimo se habrá convertido, como por ensalmo, de aguda en esdrújula (el córazon).

Y, puestos ya a corregir acentos, un servidor da gracias a sus progenitores por no haberle llamado José y verse así abocado a aguantar, en boca de deudos y amistades, el horroroso e insoslayable Jose que prospera por estos pagos.

Pablo Herrero Hernández