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Figurados que no figuran (3): panorámica

Otro término del que el Diccionario de la RAE sólo registra su significado propio es panorámica, que en el avance de la XXIII edición, como voz sustantiva separada ya de su significado como adjetivo, define así:

1. f. Cinem. y Fotogr. Fotografía o sucesión de fotografías que muestran un amplio sector del campo visible desde un punto.

2. f. Cinem. y TV. Amplio movimiento giratorio de la cámara, sin desplazamiento.

Falta, como se comprueba, lo que posiblemente sea el uso más extendido de éste como de otros muchos términos que pensamos ir trayendo a estas columnas: el figurado o metafórico que empleamos cuando decimos que la conferenciante «trazó una panorámica exhaustiva de la situación» o que un ensayo «tiene el propósito de presentar una panorámica de la relación entre migración, remesas y desarrollo».

A quien nos objete que para esos menesteres ya existe la voz panorama, en su 2.ª acepción de ‘aspecto de conjunto de una cuestión’, responderemos que, amén de que si así fuera nada impediría contar con un vocablo más para expresar lo mismo, a nuestro entender no se trata de términos exactamente sinónimos en su acepción figurada, como no lo son, estrictamente hablando, en su significado propio.

En lenguaje figurado, si panorama es el ‘aspecto de conjunto de una cuestión’ («El panorama de la lengua en España no es ciertamente alentador»), panorámica es más bien, a nuestro juicio, la ‘visión del conjunto de una cuestión’ expresada, según los casos, por el hablante, autor, etcétera: «Su panorámica de la situación de la lengua en España fue, a todas luces, desalentadora». En cierto sentido, y aunque no exista, estrictamente hablando, plano objetivo en las cosas humanas, podríamos decir que panorama pretende definir objetivamente una situación, mientras que panorámica privilegia decididamente la apreciación subjetiva de esa misma situación.

Propondríamos, pues, que la RAE incluyera ‘visión del conjunto de una cuestión’ u otra acepción equivalente como sentido figurado del sustantivo panorámica.

Pablo Herrero Hernández

Jurados iletrados

Es noticia de ayer, en España, una sentencia judicial en cuya materia no entraremos, porque huelga en esta bitácora, pero sobre cuya forma, concretada en el acta del jurado que ha trascendido a la prensa, sí nos sentimos autorizados a opinar desde estas páginas.

«El jurado, a deliberado…»: así se inicia el glorioso documento manuscrito, que contiene luego un sinfín de otras faltas (faborable, debolvió, atribullen…), algunas de las cuales algún jurado menos inculto corrigió, justamente avergonzado, en el último momento, antes de entregar el acta al juez.

No faltará quien objete que, en época en que tampoco la magistratura brilla por su propiedad a la hora de redactar sentencias, algo así resulta excusable en ciudadanos de a pie como los llamados a formar parte de un jurado. Séanos permitido discrepar rotundamente al respecto. Pasó ya el tiempo —si es que alguna vez lo hubo en realidad, fuera de en las excelsas obras teatrales de nuestro Siglo de Oro— en que un rústico labrador, naturalmente analfabeto, le cantaba cuatro verdades a un rey o a un corregidor en perfecto castellano…

Hoy en día, tras decenios de enseñanza obligatoria, constituye un escándalo que ciudadanos llamados a formar un jurado y a tomar, por lo tanto, decisiones que han de afectar de lleno a la vida de una persona no sepan escribir, y menos aún redactar. Y no por otra cosa sino porque quien mal escribe y mal redacta, forzosamente ha de razonar mal.

Volviendo al documento de autos —para seguir en ambiente judicial—, véase, si no, esa inquietante coma puesta, incomprensiblemente, entre el sujeto «el jurado» y el verbo «a deliberado». ¿Qué significa esa coma? El anónimo redactor del brillante documento, de escritura no infantil, sino infantiloide —y no entramos en más consideraciones grafológicas sobre su letra que, por lo poco que sabemos de tan interesante ciencia, acaso nos llevarían muy lejos—, debió de pensar que esa coma era una forma de subrayar la importancia del jurado por él dignamente representado; algo así como si la pausa que siempre implica este signo de puntuación otorgara importancia y hasta majestad a esa corporación temporal. Casi se lo imagina uno repitiendo para sus adentros: «El jurado, coma…». Sabido es que, en este mundo, todo lo que implique pompa y circunstancia —desde un funeral de primera hasta una coronación— ha de ser pausado… Seguro que al escribir la coma, se veía por un momento con toga y peluca como el juez de Testigo de cargo

Semejante incomprensión del papel de un signo de puntuación nos recuerda el caso de bastantes tenderos igualmente iletrados, a los que vemos pregonar en sus anuncios y carteles las supuestas virtudes de su género entrecomillándolas —Garbanzos «muy tiernos», Salchichón «ibérico», Melones «dulcísimos»—, ignorando al parecer que, por lo menos para parte de sus potenciales clientes, esas comillas evocan precisamente lo contrario de lo que pretenden asegurar y arrojan serias dudas sobre la calidad de su mercancía. Dudas muy parecidas a las que albergamos sobre la calidad de muchas sentencias como la que nos ocupa… y preocupa.

Pablo Herrero Hernández

Inclusa de Endecasílabos (4)

Ayer ingresó en nuestra Inclusa otro endecasílabo presentado por Melmoth, que lleva camino de convertirse en sostenedor destacado de nuestra benéfica institución.

El recién llegado, de procedencia fotográfica, es talludito y, muy a nuestro pesar, no le auguramos muy larga vida, tal y como cualquiera de nuestros lectores lo entenderá no bien lo haya conocido:

Revelados en seis y doce horas

Nacido en otros tiempos, tememos que las nuevas tecnologías digitales lo hayan arrinconado ya para siempre. Empero, por el momento, pasa a reunirse con sus compañeros Sujeto a variación sin previo aviso y Hacerlo inolvidable es cosa suya —ya repuestos, dicho sea de paso, del criminal intento de su anterior cuidadora— en la Sala de Italianos.

La nueva y competente cuidadora nos comunica que nuestros tres huéspedes se lo pasan muy bien en el patio, dando volteretas y haciendo acrobacias. Así, verbigracia, Hacerlo inolvidable es cosa suya se convierte en Cosa suya es hacerlo inolvidable sin despeinarse, y el propio recién llegado, pese a su no tierna edad y enfermizo estado, en cuanto te descuidas se te ha vuelto un primoroso En seis y doce horas revelados.

Mención aparte, con todo, merece Sujeto a variación sin previo aviso. Si sus compañeros hacen piruetas, él es un auténtico contorsionista, lo que le augura tal vez un futuro esplenderoso en el circo. Observen, si no, la atrevida transposición de que es capaz el rapaz (con perdón por el feo consonante):

Sin previo aviso a variación sujeto

Como cualquiera podrá apreciar, bien a las claras revela el interfecto su procedencia de una librería, pues, con semejante contorsión, recuerda mucho al En una de fregar cayó caldera del clásico. Lo malo es que, adoptada esta guisa de endecasílabo impropio por su acentuación en cuarta, octava y décima, quiso colarse en la Sala de Impropios, aún por estrenar,  posiblemente con la intención de campar a sus anchas, exceso que no le consintió nuestra íntegra cuidadora, que lo obligó pronto a volver a su ser natural italiano para ir a reunirse con sus compañeros.

Y esto es todo por ahora desde esta Inclusa que, de no ser precisamente tal, diría con gusto que es la suya. Sólo les adelantaré, antes ya del descanso del fin de semana, que todo parece indicar que la Semana Santa nos traerá nuevas e importantes incorporaciones.

El Director de la Inclusa de Endecasílabos